PINTOR EN NUEVA YORK. LUIS ALBERTO DE CUENCA

César Galicia es un alpinista que evita escalar las montañas del arte y de la vida desde la cara soleada y fácil. Se siente mejor atacándolas por el lado más oscuro, más frío y más tormentoso. Porque a César Galicia, como a Caspar David Friedrich, le gusta asumir riesgos en sus cuadros, aunque sean peligros construidos con la misma materia con la que se hacen los sueños. Cada lienzo de César, cada grabado suyo, es un alarde prodigioso desde el punto vista técnico, pero su tarea no acaba ahí, en la virtuosísima reproducción de la realidad, sino que se remonta a un sofisticado plano hermenéutico en el que lo real se ve sometido a una reelaboración conceptual extraordinariamente sugestiva y enormemente propia.

César Galicia ha vivido durante muchos años en Nueva York, o sea, en la capital de nuestro planeta. Desde la lejana provincia, el nombre de Nueva York tiene el sabor añejo de los mitos. Hay una novela de Michael Moorcock en la que el protagonista, que vive en un futuro muy remoto en el que la Tierra entera está cubierta de hielo, acaba descubriendo el secreto mejor guardado del universo: el lugar donde estaba emplazada la mítica ciudad de Nueva York, ahora –y desde hace muchos milenios– sepultada por nieves y por hielos perpetuos. En la pintura de Galicia, esa Nueva York olvidada y recobrada por Mike Moorcock vuelve una vez más a la vida con texturas de frío –el frío es memorable en los cuadros de César–, de desgarro, de soledad, pero sin perder ni por un momento esa apostura sacra que le dan su excelencia simbólica y sus valores arquetípicos.

César Galicia ha vuelto a Madrid, su ciudad natal, pero conserva en la mirada esa inolvidable experiencia que le han dado sus años neoyorquinos. Una experiencia que se percibe en todos sus cuadros, independientemente de lo que representen, y que acerca su pintura a una mística urbana donde estalla, terrible, la belleza en cada muro acribillado de graffiti, en cada esquina de una ciudad que lleva tatuadas en la frente dos únicas palabras: desolación y libertad.